martes, enero 6

Los amigos, no se hacen viejos.


Y quemé así mis últimos cartuchos.
Frivolidad, risas, bailes y recuerdos.
Anécdotas, historias imposibles o posibilidades sin sentido. Mucha ginebra.
Las piedras volcánicas visibles, procedentes de la invisibilidad, me protegen y me guían. Sin embargo, a la mañana siguiente, todo es pequeño, absurdo y cuesta arriba. La irrealidad se tiñe de soledad y te sume en recuerdos prófugos de la ira y pasados ya remotos; obsoletos.
No paro de toser y, entonces, abro los ojos y ahí está él. Me da la risa. Le he visto bailar durante toda la noche de punta a punta del garito en tiempo récord. Ha sido fenomenal.
Ojalá pudiese coger un tren esta misma tarde. Ojalá hubiese tortilla de patata para cenar. Salmorejo y una barra de telera para mi solita.
Después te escribiría una carta y te mandaría un beso enorme. Recortaría la mejor de nuestras fotos y te iría a buscar más allá. Ojalá pudiese parar el tiempo y transportarme a la nada. Ojalá pudiese mudarme a ese cuadro que tanto me gusta; ese que hace chaflán justo bajo tu boca.
Ojalá pudiese ser; ojalá pudiese estar.

1 comentario:

Ana dijo...

ojala pudiese tenerte mas cerquita .. q lindo esto